Opinión - Editorial
Ejemplo de unidad opositora
El triunfo electoral primario de Henrique Capriles para disputarle a Hugo Chávez en octubre la presidencia de Venezuela es un ejemplo de lo que deben hacer fuerzas opositoras
El triunfo electoral primario de Henrique Capriles para disputarle a Hugo Chávez en octubre la presidencia de Venezuela es un ejemplo de lo que deben hacer fuerzas opositoras dispersas para buscar la saludable alternancia en el ejercicio del gobierno como puntal de la democracia. En el plano interno, es aún incierto que la inusual unificación de los partidos opositores detrás de una candidatura única baste para terminar con los funestos 13 años de autoritarismo personalista de Chávez. Pese a la gigantesca riqueza petrolera, su régimen ha sumido a Venezuela en la inflación más alta del continente, cercana al 30%, en escasez de electricidad y otros servicios públicos, en ineficiencia administrativa y en un incremento galopante de la corrupción y la delincuencia.
El resultado ha sido una caída del 63% del apoyo popular con que Chávez fue reelecto en 2006. Pero cuenta aún con un respaldo considerable, tanto por sus programas de ayuda a los sectores más pobres como por simpatías generadas por su lucha contra un cáncer. Las encuestas le asignan el apoyo de alrededor de la mitad del electorado, porcentaje que Chávez ya se lanzó a fortalecer con el expediente de aumentar el gasto público. Aprovechando su control de todos los resortes del poder, anunció nuevos programas de subsidios en dinero a los venezolanos de menores recursos y grandes inversiones en viviendas para pobres, teleféricos como medio de transporte para los asentamientos de emergencia en las laderas de las montañas caraqueñas y hasta el lanzamiento de un segundo satélite venezolano pocos días antes de la elección presidencial.
Capriles enfrentará la poderosa maquinaria chavista con un sólido arsenal. Este abogado de 39 años, gobernador del importante estado de Miranda y que nunca ha perdido una elección desde que se convirtiera en el diputado más joven del país a los 25 años, ofrece una imagen de eficiencia y pujanza renovadora, con un discurso de centro-izquierda. Toma públicamente como ejemplo al Brasil del ex presidente Lula por sus planes sociales, que aplicó en el estado de Miranda, y a Noruega por la diversificación de la economía para evitar la actual dependencia total del petróleo. Pero en la campaña cuesta arriba contra la estructura gubernamental de Chávez, lo fortalece sobre todo ser el candidato de una oposición que, después de largos años de división que facilitaron el ascenso chavista, se unificó por primera vez en la Mesa de Unidad Democrática (MUD) y eligió a su candidato en una elección popular entre postulantes de varios partidos.
Al margen de lo que ocurra en octubre, lo alcanzado por el MUD es una lección para las fuerzas opositoras atomizadas por apetencias personales de poder o por razones más comprensibles aunque siempre conducentes a simplificarle la vida a regímenes entronizados en el gobierno y que practican la vieja receta de dividir para gobernar. Un cercano caso notorio es Argentina, donde las peleas entre los líderes de los partidos opositores allanaron el camino a la avalancha kirchnerista. La demostración de madurez cívica de la oposición venezolana les marca el rumbo a países donde la fragmentación partidaria actúa en detrimento del interés nacional.




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