Seisgrados - ENTREVISTA SEISGRADOS: ENRIQUE IGLESIAS
Del almacén al mundo
Los uruguayos somos cultos, discretos, inteligentes, de bajo perfil, trabajadores y serios. Se podría decir que esto es una percepción o una sobreestimación. En el caso del contador Iglesias es, simplemente, cierto. Lea la entrevista con Seisgrados
Los problemas económicos que siguieron a la crisis de 1929 hicieron que la familia Iglesias, como tantas otras, emigrara del viejo al nuevo mundo. A diferencia de la mayoría de los habitantes del norte de España que se iban a Cuba, el padre del contador siguió el consejo de un hermano mayor y eligió venir a Uruguay. Se podría decir que el país tuvo suerte, ya que uno de sus mejores representantes recaló aquí casi que por azar.
Si es nacido en España, ¿por qué se encargó siempre de que lo reconozcan como uruguayo? No, no me encargué, yo soy uruguayo. Me crié desde los 3 años en mi país, que me dio todo, al que le debo todo, y por eso soy y me siento tan uruguayo como el mejor. Nací en España, a la cual le tengo gran cariño y respeto por ser mi lugar de origen, pero soy fundamental y principalmente uruguayo. Yo siempre digo que yo no me hice uruguayo, sino que me hicieron uruguayo: el barrio, Reducto, el almacén de mi padre y la escuela.
Sus padres fueron los primeros responsables de que usted tuviera la mejor educación que se pudiera. ¿Cuáles fueron, aparte de la educación, los valores que ellos intentaron inculcarle?
Mi padre era muy agradecido a este país, ya que nosotros veníamos de momentos muy difíciles en España y aquí encontramos apoyo, afecto y oportunidades. Eso hizo que el valor más importante que nos transmitió fuera reconocer con gratitud a este país. Luego, por supuesto, ciertos valores fundamentales, como la honestidad, el esfuerzo y el valor de la amistad.
¿Mantiene algún vínculo con su barrio Reducto y con los amigos de la infancia?
No… Estamos hablando de 70 años atrás... Igualmente, más de una vez paso por ahí con el coche despacito, para recordar y no olvidar aquellos tiempos. Fueron tiempos duros en Uruguay, tiempos complicados, pero a la vez se vivía una vida más simple, mucho más austera. Me animaría a decir que la gente era más feliz. No teníamos tantas cosas, pero las que teníamos las gozábamos mucho. Hoy en día la gente tiene muchas cosas y muchas veces no goza las cosas que tiene. Otras épocas Cuando Iglesias terminó la secundaria no había muchas opciones educativas más que las clásicas medicina, abogacía, economía y las áreas científicas. En un momento, contempló la opción de seguir por el área científica, pero intuyó que por el lado de la economía iba a acceder a caminos más flexibles y a más oportunidades. Lo que empezó siendo una simple intuición, lo terminó enamorando. No fue solo la economía, sino también la administración y la gestión.
¿Cuál fue su primer trabajo en su área de estudio?
Mi primer trabajo fue en la Universidad. Yo todavía era estudiante de ciencias económicas y me ofrecieron entrar como asistente de investigación en el Instituto de Economía, el 1º de enero de 1952, para ser más preciso. Y así comencé la carrera, con un trabajo docente. Pero el trabajo concreto lo tenía en el almacén de mi padre. Trabajé muchos años en él, ayudando sobre todo al mediodía, cuando mi padre aprovechaba a descansar. Atendía y estudiaba también.
¿Cuál fue el primer gran desafío que se le presentó?
Fue en 1954, cuando me llamaron para ocupar el cargo de contador en el Banco Territorial. Allí estuve 17 años, aprendí muchísimo –en particular de la banca pequeña y de microeconomía– y conocí el sector privado uruguayo. Pude saber cómo era una empresa agrícola, una industrial, una comercial. En paralelo tuve a la Universidad, que se comprometió en ayudar a preparar lo que fue mi primera gran experiencia pública: el Plan Nacional de Desarrollo, que me permitió conocer profundamente mi país e insertarme en todos los sectores de la actividad nacional. Hicimos un trabajo magnífico.
En el mundo De 1972 al 1985 ocupó el cargo de secretario ejecutivo de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (Cepal). ¿Me puede resumir su experiencia?
Fue muy rica, muy intensa y muy fuerte. Creo que si las Naciones Unidas no existieran habría que inventarlas, porque es un acto de equidad, un acto ético y constituyen un poco la conciencia crítica de la humanidad. Y tiene que ser así, tiene que haber un lugar donde se junten todos los países. Creo que desde 1945 hasta acá se hicieron muchísimas cosas en todos los campos. Se evitó una gran guerra, afortunadamente no hemos tenido una gran guerra mundial o un holocausto atómico. Hemos tenido muchos conflictos parciales, pero guerra no ha habido. Las Naciones Unidas han tenido un gran impacto.
¿Cómo fue su experiencia de canciller en 1985, cuando todos los ojos del mundo estaban en Uruguay por la vuelta a la democracia?
Cuando se produce el ansiado retorno de la democracia, [Julio María] Sanguinetti y Wilson Ferreira me llamaron por separado para insistirme en que volviera al país y me hiciera cargo de la cancillería y así aportara un poco de la experiencia internacional que yo había tenido en los 15 años precedentes. Me pareció una aventura difícil, pero fascinante. Para mí el regreso al país para ayudar a reforzar su imagen internacional fue un desafío muy grato y muy honroso.
Habiendo tenido contactos con tantos mandatarios, ¿usted se considera diplomático?
Hay que ser un poco técnico, porque hay que conocer de la materia que se está hablando, hay que ser un poco diplomático y sobre todo hay que saber oír. La verdad está siempre en entender al otro. Hay que oír al interlocutor, ponerse en su lugar y hacer propuestas que sean viables y que no choquen con sus sentimientos y sus aspiraciones. Eso no es fácil, pero lo hago con muchísimo gusto.
El representante de todos
Generalmente, en el Banco Iberoamericano de Desarrollo (BID) se asciende de cargo por antigüedad y méritos. Para el cargo de la presidencia, no tiene por qué ser así: vota el directorio. Mientras Iglesias ocupaba su cargo de canciller, comenzó a promoverse la candidatura en la presidencia del BID.
¿Cómo fueron sus inicios en el BID?
Había trabajado en el BID dos años como consultor. Algunos gobiernos de América Latina me llamaron, porque me conocían de la Cepal, para proponerme que me candidateara. Gracias al apoyo de México, que fue un gobierno muy amigo y tuvo una muy amable insistencia, junto con el del gobierno uruguayo, tuve una votación unánime. El banco estaba con problemas, tenía algunas dificultades entre los accionistas, pero los pudimos solucionar. Partió otra gran aventura de mi vida que fue un banco que me dio enormes oportunidades, conocí toda América Latina, conocí el mundo.
Nuestro país está dentro de los países que el BID apoya. Al ser uruguayo, ¿como presidente le llegaron más solicitudes de lo habitual desde aquí?
Yo siempre fui muy cuidadoso y muy respetuoso de las reglas generales. Hicimos todo con gran transparencia. En el banco todo se sabe, todo se comenta y todo debe ser aprobado por el Directorio. Por supuesto que yo miraba con gran simpatía lo que venía de Uruguay, pero eran todas operaciones regulares. Además, Uruguay fue un buen prestatario, responsable, cumplía con sus obligaciones, es un país muy leal al banco que se apoya mucho en él. El país se portaba bien en su conducta económica y eso nos dio la oportunidad de ser muy buenos proveedores de recursos. Uruguay no es un país “elegible” prioritariamente en cuanto a miserias o nivel de pobreza… Es verdad que se habla mucho de eso, pero yo no estoy de acuerdo con que Uruguay tenga que ser excluido. Uruguay tiene los procesos de transformación de los países que hay que seguir apoyando. Dentro de otras cosas, apoyar al sector privado que es una de las funciones que tiene el banco. Algún día, Uruguay no va a precisar del BID o del Banco Mundial, va a ser como los países desarrollados, va a ir directamente a los mercados a buscar recursos. Pero todavía nos falta un trecho, y en ese trecho el BID tiene que estar presente.
Aproximadamente, ¿sabe cuánto dinero vino al país durante su mandato en el BID? Yo ya no me acuerdo mucho ahora… pero fue mucho dinero. Sobre todo mucho dinero en el año 2002, cuando tuvimos que apoyar al país con la crisis.
¿Se desesperó durante la crisis de 2002?
Ah…, me ponía nervioso sí, pero yo veía que el país estaba peleando y estaba peleando bien, en una buena dirección y que teníamos el apoyo de los gobiernos grandes que ponen los mayores recursos, Estados Unidos, Canadá y países europeos. En la medida en que estos países veían que el país progresaba, no tenían ningún reparo en seguir aportando. Y eso hacía la cosa más fácil.
Si el BID realizaba un préstamo y ese dinero no era utilizado correctamente, ¿lo frustraba en forma personal? Uno vive la realidad, tampoco vivimos en el paraíso. Los países no son perfectos, ni las personas tampoco. La plata que a mí más me dolía era la de las donaciones, los recursos destinados a objetivos sociales. En 1991, generamos un fondo muy importante para desarrollar proyectos y estimularlos. Hacíamos donaciones y no se usaban tanto porque los países no eran capaces de ejecutar.
¿Alguna vez sintió miedo antes de asumir un cargo? Muchas veces yo asumía con gran sentido del compromiso y mucha angustia por no saber si realmente podía hacer frente al desafío. Pero se iban sumando experiencias y eso me daba más fuerzas para poder enfrentarlo. Nunca tuve la política de buscar una cosa específica, generalmente las cosas se fueron dando y yo las tomé con mucho respeto y sin ningún triunfalismo. Con mucho trabajo, porque son cargos muy demandantes y hay que tratar de no defraudar. “La excusa” Entre las experiencias que destaca Iglesias en su trabajo en el BID, están la administración de los recursos económicos y el trabajo en la evolución del modelo económico de los países en desarrollo.
¿Por qué decide irse del banco y cómo se dio el comienzo en la Secretaría de Gobiernos Iberoamericanos (Segib)? En algún momento yo tenía que terminar en el banco. No podía estar casi 18 años, no es correcto... Yo creo que incluso se me fue la mano. Esos cargos son para estar menos tiempo que eso, pero bueno…, yo me dejaba querer y me querían y, por tanto, me quedaba más tiempo. Por respeto al propio banco, necesitaba un buen pretexto para irme, que apareció cuando me llamaron el rey y el presidente de España para que ayudara a armar lo que se llama esta Comunidad Iberoamericana.
¿De qué se trata?
Básicamente somos una pequeña Secretaría que tenemos por finalidad apoyar a las cumbres que se hacen todos los años. Hay demasiadas cumbres y creo que hay que simplificar un poco eso. Seguramente hacia eso vamos, pero lo importante es que ahí hay muchas cosas que hacer. En el área política, son países que comparten la misma visión del mundo, que tienen una presencia internacional muy activa y por supuesto que los temas mundiales llegan al debate de los jefes de Estado.
Por dentro
Dejando de lado su profesión, tratamos de interiorizarnos de su vida cotidiana. A este tipo de personas, con tanta trayectoria y tanto saber en su haber, no podemos dejar de pedirle que nos dé una proyección del futuro y un consejo para los jóvenes de este país.
¿Dónde reside en este momento? Vivo en Madrid, ahí tengo mi casa. Viajo mucho, pero mi hogar es en Madrid, tengo sede allí. En Montevideo tengo mi casa abierta, como la he tenido siempre. También tengo casa en Punta del Este y vengo muy a menudo. Yo nunca me fui del Uruguay, vivo en Uruguay regularmente. Contribuyo todo lo que puedo al país desde donde y como esté.
¿Piensa volver? Voy a estar más tiempo aquí, pero voy a seguir manteniendo una estancia en Madrid. A esta edad se depende mucho de factores que se llaman “salud”. Tengo una buena salud, pero he tenido algún tropezón.
¿Ve a su familia y amigos regularmente?
Siempre estoy en contacto con la familia, la familia es la familia. Mis amigos son de todas partes. Aquí en Uruguay tengo muchos, y, por supuesto, muchos en Madrid, en Washington, en Santiago, en donde he estado. Los veo sí, menos de lo que quisiera porque el tiempo es escaso.
¿Cuáles son sus proyectos a futuro?, ¿piensa jubilarse?
No lo sé. Jubilarme, no. Hacer otras cosas menos demandantes, sí. Quiero escribir mis memorias, pero tengo un problema, porque ahora tengo un poco de memoria y no tengo tiempo, y cuando tenga tiempo no voy a tener memoria. [Risas] Yo prefiero que me jubile la providencia. ¿Se siente realizado profesionalmente y económicamente? Sí, profesionalmente creo que sí. Aunque todavía quedan cosas por hacer y estamos haciendo cosas. Económicamente, tengo lo que necesito, ¿para qué más?
Una persona tan exitosa como usted, ¿qué consejos puede darle a una persona más joven? Mire, lo primero que le diría es que la educación no termina nunca, no termina en la universidad. Todos los días hay que seguir formándose, hay que vivir en el mundo en toda su diversidad. Tenga usted la profesión que tenga, tiene que saber un poco de todo y hay que estar informado. Yo creo que es una clave importante para navegar en este mundo con cierta seguridad. Después, le diría que es muy importante descubrir qué es lo que uno quiere. Y hay que tener la suerte de que le toque hacer lo que uno quiere. A veces no se da… eso es el “factor x”, es el factor suerte. Hay un poquito de eso también…, bastante. Y, una vez que uno se mete en el campo, hay que tratar de tener objetivos y lograrlos, es decir, proponerse cosas y luchar por ellas. En cierta forma es enamorarse del desafío. La gente joven va a tener grandes oportunidades si no se enloquece con el mundo como está ahora. Si se pone un poco de orden, el mundo y sobre todo América Latina y nuestro país van a tener grandes oportunidades. Se están abriendo campos en la ciencia, la investigación. Eso tiene un enorme potencial para alimentar las expectativas de la muchachada. Yo le diría también que siempre es importante asociarse a los temas, no solo políticos, sino también culturales. Hay que tener visión humanística de la vida y dentro de eso meter la profesión, eso me ha sido muy útil en mi caso. Yo soy un gran promotor de la cultura. Me parece que es importante que la gente entienda y respete que la cultura cuenta, y cuenta mucho.
¿Usted considera que es una persona que tuvo suerte?
Yo diría que sí, que me acompañó la suerte o la providencia, como le quiera llamar.
Lo que se guardó Enrique Iglesias, nos prometió escribirlo en sus memorias. Quedaremos a la espera.
Un día en cualquier lugar
Sin importar dónde esté y qué cargo ocupe, el día hábil de Iglesias comienza alrededor de las 8 de la mañana. El contador llega antes que nadie a la oficina, donde desayuna, almuerza y cena. Luego de 14 horas de trabajo, vuelve a su casa cerca de las 22 horas. Escucha un poco de ópera y se va a dormir.
Excesos críticos
Iglesias experimentó una gran frustración con la crisis económica mundial que estalló en 2008. “Si bien se sabía que había burbujas, nadie había previsto el inmenso caudal de corrupción y codicia que hubo y que estuvo en el origen de esta crisis. Todos sabíamos que había excesos, pero yo no pude imaginar hasta dónde podían llegar los excesos del sistema financiero mundial en estos últimos años. No tanto de los bancos, sino de los bancos de inversión, que fueron los verdaderos puntos neurálgicos de los excesos. Hubo mucha violación de reglas de conducta, mucho abuso y mucha especulación y eso dejó muy mal parada a la experiencia financiera mundial en los últimos años. Yo tuve una gran frustración. Pero por eso me doy cuenta que cada vez es más importante recordar que la economía es para el hombre y no el hombre para la economía. El respeto de las normas de conducta y ética son fundamentales. El mundo se apartó de las normas de conducta, de ciertos principios éticos y eso generó frustración, y nos está saliendo caro salir de ella.”
El homenaje
Cuando nos dieron las indicaciones para llegar a la casa de Iglesias, nos dijeron que lo único que se veía desde la ruta era una capilla. Sin pensar mucho en si era la capilla de la zona o a quién le pertenecía, la vimos y fue la señal de llegada. Al ingresar al predio, bordeamos una plantación de arándanos, tomamos un camino a la izquierda dejando la capilla atrás y llegamos. Iglesias estaba en el jardín despidiéndose de varias personas, por lo que tuvimos que esperar unos minutos. Las señoras cocineras, mientras cocían a fuego lento arándanos de su propia cosecha para hacer mermelada, comentaban exaltadas la visita privada del presidente Mujica, que la noche anterior había ido a cenar con el contador. Como si tuviera un cronómetro en su bolsillo, a las 11 en punto Iglesias nos hizo pasar. Durante la entrevista, le preguntamos sobre la hermosa capilla que está dentro del predio de su casa. Nos explicó que cuando está en Uruguay va regularmente y que es un homenaje a sus padres. “A mi madre, gran devota de la virgen de Covadonga, le hubiese gustado que hiciéramos una cosa así. Por eso está ahí, es un símbolo muy lindo, me recuerda a mis padres”. Hace un tiempo, se la dieron en usufructo a la Iglesia de Maldonado, que realiza misas el primer y último domingo de cada mes.
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Enrique Roberto Costa -
07.03.2012 - 11:13 hs
Qué puedo agregar? Nada ,solo que me pareció muy bueno el artículo, me gustaría poder saber más sobre este notable uruguayo.








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