Opinión - Editorial
Castigo francés a Sarkozy
La firme perspectiva de que los socialistas vuelvan al poder en Francia después de 17 años de exilio en la oposición es consecuencia de la ineficacia presidencial de Nicolas Sarkozy
La firme perspectiva de que los socialistas vuelvan al poder en Francia después de 17 años de exilio en la oposición es consecuencia de la ineficacia presidencial de Nicolas Sarkozy más que de la atracción electoral de François Hollande. El candidato socialista, que superó a Sarkozy por apenas un punto porcentual en la primera vuelta de votación, es considerado en general un mal menor que el desacreditado ocupante actual del Elíseo. Pese a que no despierta entusiasmos vibrantes, las encuestas le auguran una victoria amplia, por hasta 10 puntos porcentuales, en el balotaje del 6 de mayo, gracias al respaldo de otras fuerzas de izquierda que apuntalarán el 28% de los votos que obtuvo el domingo.
La debilidad de Sarkozy quedó reflejada en la fuerte votación de Marine Le Pen, que reemplazó a su padre en el liderazgo del ultraderechista partido Frente Nacional. El casi 20% logrado el domingo reflejó el fracaso de Sarkozy de haberse corrido hacia la ultraderecha en los tramos finales de la campaña, prometiendo duras acciones contra la inmigración desde las ex colonias y de los países más pobres de la Unión Europea. Gran parte de la población considera que este flujo inmigratorio es causa de desempleo, violencia delictiva y resquebrajamiento social y cultural del país. En otros momentos de la campaña Sarkozy se identificó también con algunos de los postulados de Hollande, en un bamboleo programático que le sirvió de poco.
Pero el presidente sufrió básicamente el descontento popular por el impacto en el empleo y los ingresos generado por la crisis financiera que vive la Unión Europea, en la que el eje conductor germano-francés actuó con lentitud e indecisiones. Sarkozy finalmente resignó de hecho la conducción de la crisis ante la canciller alemana Angela Merkel. El resultado ha sido un doble castigo al presidente. Por un lado, lo muestra el crecimiento electoral de Le Pen, que hasta puede convertirse en líder de la oposición a un gobierno socialista si Sarkozy cumple su anuncio de que se retirará de la política si pierde en el balotaje.
Por otro, la alicaída popularidad de Sarkozy ha allanado el camino hacia un probable retorno socialista al poder, perdido desde la época de François Mitterrand hace casi dos décadas. El cambio puede producirse de la mano de un dirigente cuya capacidad gubernamental es una incógnita rodeada de dudas sobre lo que pueda hacer. Hollande ha prometido vagamente trabajar para "reorientar a Europa sobre el camino del crecimiento y el empleo", meta que parece tan lejana como compleja en una Unión Europea en estado de recesión económica.
Sarkozy quemará todos sus cartuchos en los próximos días para revertir la derrota en el balotaje que le anticipan las encuestas. Pero será una lucha cuesta arriba. Castigado por mínimos niveles históricos de popularidad, todo apunta a que el golpe de haber sido el primer presidente de la V República vencido en primera vuelta en su intento de reelección se repetirá de manera definitiva cuando los franceses escojan entre él y Hollande en el cercano balotaje.




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