Nacional - DESPUÉS DEL MOTÍN
Tensión y nervios a la espera de una respuesta
Familiares de presos del Comcar se acercaron a la cárcel luego del motín para intentar saber qué había pasado y cómo estaban los reclusos
Un grupo de familiares de reclusos ubicados en los módulos 4 y 5 del Comcar, donde este martes a la noche se desató un motín que duró varias horas, se acercaron este miércoles por la mañana hasta las vallas que impedían el acceso al camino que va desde la ruta 1 hasta el complejo carcelario.
Lo que todos querían eran respuestas: saber qué había pasado y, principalmente, cómo estaban sus seres queridos. Tenían rumores de que en el enfrentamiento con la Policía hubo muertos y que muchos de los presos estaban sin vestimenta desde la noche.
Al no tener una voz oficial que les informara, realizaron cortes en la ruta 1. Luego, antes del mediodía, una médica comunicó una escueta lista de algunos reclusos que habían sido heridos, pero los datos les resultaron insuficientes.
Las mujeres, quienes predominaban en el lugar, fumaban para calmar los nervios. Algunas telefoneaban con sus allegados para contarles las novedades, mientras que otras directamente hablaban vía celular con quienes estaban dentro del Comcar, quienes les pasaban datos que hacían más intensas las pitadas de los cigarrillos.
Sobre el mediodía, el director Nacional de Cárceles, Eduardo Pereira Cuadra apareció en el lugar. Los familiares se agolparon junto al vallado para recibir más información. El jerarca dio una nueva lista de heridos que habían sido internados en centros asistenciales y señaló que en total eran 12, una “cifra mínima”, según él, ante los más de 1.000 presos que había en los módulos.
Señaló que no había muertos, a lo que desde el grupo se le pidió que se comprometiera a confirmar esa información. Pereira Cuadra agregó que se trabajaba para reubicar a los reclusos y que en ese momento su principal preocupación era cómo iba a alimentar a ese número de presos.
Cada uno de los familiares tenía preguntas para hacer: ¿están vestidos?, ¿van a ser trasladados? ¿hay más heridos? ¿hay muertos? El jerarca carcelario intentó responder lo que pudo ante el borbollón de gente, señaló que había estado toda la noche en el Comcar y, ya irritado, destacó que él había dado la cara ante los presentes.
Las respuestas no conformaron y comenzaron las especulaciones de que iban a haber trasladados. Los nervios hicieron que hubiera discusiones fuertes entre quienes formaban el grupo. Algunas pedían que se dialogue en buenos términos para evitar problemas entre sí y con la Policía.
Luego, se divisó que un convoy policial se acercaba al vallado desde el Comcar y que en el medio de la caravana venían tres ómnibus. “Son los presos”, gritaron varias, lo que generó corridas para posicionarse en un lugar que les permitiera ver a sus familiares. Pero los autobuses eran de la Guardia Perimetral y en su interior llevaban a efectivos de dicha fuerza.
Al percatarse de la situación, la decepción se transformó en insultos hacia los policías que miraban por las ventanas. “Hijo de puta”, “estos son los que vinieron a cagarlos a palo anoche”, “antichorros”, se escuchó; mientras que algunos de los oficiales realizaron gestos que calentaron más los ánimos.
El tiempo pasaba y no había más datos. Una mujer se postuló como vocera para ingresar al Comcar junto a las autoridades, hacer una recorrida y luego comentar lo visto a los familiares. También propusieron que las cámaras de TV y prensa accedieran al lugar para registrar cómo estaba la situación.
Cuando comenzaban a organizarse, a lo lejos se vio que un ómnibus salía del complejo carcelario por otro camino. “Los están trasladando al Penal de Libertad”, dijo una de las mujeres. Hubo nuevas corridas por la ruta 1 para intentar llegar al coche y ver si sus familiares iban en el.
En una camioneta y en una moto persiguieron a alta velocidad al vehículo hasta interceder en el camino y detenerlo, a varios kilómetros del Comcar. En una rápida maniobra los familiares descendieron, se pararon frente al ómnibus impidiendo su paso y solicitando que abrieran las cortinas para poder ver.
No eran presos, eran policías que eran trasladados vestidos de civil. Uno de ellos abrió una ventana y se los dijo, mostrando una campera azul con la inscripción “Policías” en la espalda, similar a la que tenía el autobús. Nuevamente hubo insultos hacia los oficiales y algunos llantos al seguir sin tener respuestas.
Mientras tanto, en el vallado del Comcar, el comisionado parlamentario Álvaro Garcé se presentó ante los familiares y dio nuevos detalles. Indicó que hasta el momento no había habido traslados y que se trataba de reubicar a los reclusos.
Cuando Garcé indicaba que los habían alimentado, un familiar hablaba con un detenido que estaba adentro de la cárcel que le decía que aún no habían recibido comida. “Mire que dicen que no le han dado nada, Garcé”, dijo uno de ellos, lo que generó un griterío entre los presentes. “Están avisando que los tienen desnudos”, comentó una anciana, a lo que el comisionado parlamentario dijo que eso no era así. También se le preguntó por si habían muertos, lo que fue negado.
Las horas pasaron y las respuestas que llegaron desde las autoridades no saciaron las preguntas del grupo de familiares. Pasado el mediodía, una de las familiares se mostró un poco más tranquila al hablar con uno de los reclusos que estaba dentro del Comcar, quien por teléfono le señaló que estaba bien y que se preparaban para comer en el módulo 9.



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