Seisgrados - COLUMNA
Duele Argentina
La preocupación por la situación que atraviesa Argentina ya es de grado internacional. El país esta atravesando por uno de sus peores momentos a nivel político y socio-económico
Casi inmediatamente después de la victoria de Cristina Fernández en las elecciones de octubre por un aplastante 54%, los problemas –tapados con subsidios y controles– empezaron a aflorar en Argentina.
El país se debate en una crisis creciente y se está deslizando por un tobogán hacia un abismo del cual es muy difícil retornar. Los controles cambiarios y de comercio exterior se multiplican día a día, con la misma velocidad que los argentinos encuentran maneras de soslayarlos.
Los escándalos de corrupción salpican las más altas esferas del poder y quien ahora está cercado por ellos es el vicepresidente Amado Boudou, un hábil navegante que cuando soplan otros vientos sabe desplegar otras banderas.
La airada reacción del vicepresidente ante las investigaciones ya dejó una primera víctima: el procurador general del Estado, Esteban Righi, una suerte de jefe de todos los fiscales y una figura muy cercana desde hace años a Néstor y Cristina Kirchner. Y seguramente no será el único si la presidenta insiste en defender a su vice. Quizá a esta altura hubiera preferido tener a Julio Cobos que a Boudou. Al menos, Cobos solo emitía “un voto no positivo” a las retenciones de exportaciones agropecuarias y no generaba este tipo de escándalos que tienen a mal traer al entorno presidencial.
Como si todo esto fuera poco, en los primeros meses de este año se ha desatado un feroz proteccionismo, regulado en forma arbitraria por el todopoderoso secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, que tiene más poder que cualquier ministro y, por supuesto, más que su jefe directo, el ministro de Economía.
Las trabas a las importaciones afectan tanto a países del Mercosur –lo que implica de hecho el fin de este pacto regional aunque se lo quiera mantener vivo con respirador artificial– como al resto del mundo; a los de la OMC como a los que no integran dicha organización defensora del libre comercio; tanto a los bienes como a los servicios y a todo tipo de contrataciones del exterior.
En definitiva, se ha impuesto un aislamiento económico sin precedentes para una economía que está integrada al mundo y a la región y que no puede subsistir sin ellos. Algo incomprensible para una economía que venía creciendo fuertemente.
En las últimas semanas se han intensificado presiones sobre empresas extranjeras y todo hace presumir que el gobierno va a expropiar a YPF tratando de no pagar “la justa y previa indemnización” que establece la Constitución, lo cual se logra tomando acciones que deprecien el valor de sus acciones. Ello está conduciendo a un serio enfrentamiento entre Argentina y España y, por transición, con toda la Unión Europea, que ve cómo las reglas de juego se cambian una y otra vez al arbitrio de los gobernantes de turno. De concretarse, no será una expropiación sin consecuencias para Argentina.
Falta de respeto a los contratos y tratados internacionales, cambios abruptos e imprevistos de las reglas de juego, corrupción en altas esferas del poder, proteccionismo a contramano de todos los tratados firmados por Argentina y un nacionalismo exacerbado, son los ejes por los cuales transita hoy el vecino país. No son los ejes por los cuales puede desarrollarse una república democrática, rica en recursos materiales y con una población educada, sino una autocracia de baja estofa.
Muchas de estas cosas responden a una baja calidad institucional y una falta de respeto a las reglas de un país llamado a estar entre la élite mundial por nivel de desarrollo, educación e influencia.
Por eso, duele Argentina. Duele ver así a quien tiene todas las potencialidades para estar en lugares de privilegio. Duele ver así a un país vecino cuya influencia sobre el nuestro, para bien y para mal, es tan importante. Duele ver así a un país al que sentimos muy cercano y con el que nos unen tantos lazos familiares y de amistad. En todo caso, siempre nos queda clara la distinción entre el pueblo argentino y su gobierno de turno. Los lazos con el pueblo argentino permanecen; los vínculos con el gobierno de turno pueden restringirse al mínimo indispensable. No es lo mejor, pero es casi el único camino que le queda a nuestro país.






Envíala por email
Imprímela
Más Opciones
El polémico video que lanzó Cristina para Londres 2012