Opinión - Editorial
Hay que subirse al tren inversor
Uruguay necesita más visión ágil y ejecutiva para aprovechar la favorable coyuntura inversora actual, que acaba de confirmar el Banco Mundial (BM)
Uruguay necesita más visión ágil y ejecutiva para aprovechar la favorable coyuntura inversora actual, que acaba de confirmar el Banco Mundial (BM). La inestabilidad en la zona del euro y los vaivenes en Estados Unidos en sus intentos de salir de la crisis combinan desconfianza en los países más frágiles y escasa rentabilidad segura, lo que alienta a inversores a volcarse a América Latina, según destacó Hasan Tuluy, vicepresidente del BM para nuestra región. Señaló que la leve desaceleración del crecimiento económico latinoamericano por efecto de la crisis mundial, a tasas que rondarán este año entre el 3,5% y el 4%, se compensa con creces por la tendencia de los grandes inversores a buscar en la región un destino más confiable y redituable para sus capitales.
Es una oportunidad que Uruguay no ha sabido aprovechar a pleno. Aunque la inversión externa directa (IED) aumentó el año pasado con respecto a 2010, sigue siendo porcentualmente la más baja de América Latina, lejos de Brasil, Perú, Colombia o Chile. Mientras sigamos atados al espejismo del Mercosur, es poco lo que el país puede hacer para atenuar su gravosa dependencia de nuestros dos grandes vecinos, especialmente Argentina, en materia de desarrollo. Pero existe un inexplotado campo de acción en atraer IED para generar actividad y trabajo y facilitar una expansión comercial a través de la penetración en otros mercados.
Uruguay ofrece ventajas comparativas en materia de estabilidad institucional y seguridad jurídica. Mantiene, sin embargo, un crecimiento lento de la IED por varias causas. Una es la insuficiente pujanza con la que tanto el gobierno como el sector empresarial buscan inversores extranjeros, a diferencia de lo que hacen los países más prósperos de la región. Otra es una burocracia excesiva que enlentece la radicación de emprendimientos productivos externos. Y poco ayudan los altos costos internos, que afectan la competitividad. Por otra parte, las demoras en solucionar la crítica escasez energética también han frenado proyectos de inversión. Miguel Fraschini, presidente de la Asociación Uruguay de Generación Privada de Energía Eléctrica, puso como ejemplo la lentitud de la puesta en marcha de proyectos de generación eólica por los engorroso trámites burocráticos que exige nuestra legislación.
La ley que habilita la asociación de privados con el Estado, instrumento idóneo para procurar inversiones, no termina de despegar pese a los muchos meses transcurridos desde su aprobación. Y nada se sabe de los planes oficiales, anunciados hace largo tiempo, para reformar y agilitar el Tocaf, voluminoso compendio antiguo de normas para asegurar transparencia en negocios estatales que resulta en interminables y enredados procesos licitatorios y otras demoras operativas igualmente perjudiciales. Una parsimonia dura de morir obstruye desde hace muchos años los intentos de acelerar el desarrollo. Es una actitud que urge abandonar para sacar provecho de la buena disposición actual de los mercados financieros, asegurando más inversión externa y la ampliación de mercados para colocar la consecuente mayor producción competitiva. Más de una vez, en años recientes, hemos perdido el tren de las oportunidades. Para sacar al país del subdesarrollo es indispensable que no nos ocurra ahora.




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