Opinión - Editorial
Urgencias energéticas
Sus múltiples facetas convierten en un problema complejo asegurar que Uruguay disponga de energía en forma regular
Sus múltiples facetas convierten en un problema complejo asegurar que Uruguay disponga de energía en forma regular, de acuerdo a las necesidades del crecimiento del país y a un costo razonable. Enfatiza la urgencia del tema la actual campaña de UTE para que el parque industrial y los hogares reduzcan el consumo, lo que provoca inevitablemente temores en la población de restricciones obligatorias o cortes de suministro. Algunos factores están fuera del control del gobierno. Uno es nuestra gravosa dependencia de los precios que Argentina y Brasil nos cobran por la energía eléctrica. Otro es el carácter imprevisible de las lluvias para la generación hidroeléctrica en las represas, la forma más barata e independiente en el marco energético actual. La prospección que ANCAP está iniciando en Salto en busca de petróleo es una apuesta a largo plazo.
Ante este panorama, el gobierno debe priorizar la expansión de la generación eólica y por biomasa, actualmente en marcha pero aún insuficiente, y acelerar la construcción de la planta regasificadora. El proyecto nació hace cinco años como un acuerdo binacional con Argentina. Pero luego de las indecisiones argentinas, la administración Mujica resolvió que Uruguay siga adelante por su cuenta, concediendo la construcción y operación a inversores extranjeros. El Ministerio de Industria y Energía ha anunciado que la construcción de la planta en la bahía de Montevideo se iniciará el año próximo, para que la regasificación de gas natural licuado permita reducir la utilización del costoso petróleo en las centrales térmicas y abastezca a los consumidores. Pero su concreción llevará algunos años, lo que impone agilizar la generación eólica y por biomasa.
El gobierno kirchnerista es el principal responsable de la necesidad de concentrarse en la disponibilidad de energía propia. El gobierno de Paraguay firmó un contrato con UTE para vendernos energía a un precio entre 30% y 40% menor que el que actualmente nos cobran Argentina y Brasil. Pero el pasaje obligatorio por la red argentina de distribución sigue frustrando el acuerdo. El kirchnerismo primero exigió el pago de un peaje cinco veces mayor al internacional. Finalmente acordó con Paraguay un precio algo más razonable, pero impide que se ponga en práctica. La razón es que, enfrentado a su propia escasez interna, el gobierno Kirchner quiere quedarse con todo el excedente que pueda exportar Paraguay, sin importarle demasiado lo que pasa con Uruguay.
Nuestro país necesita soluciones rápidas, para evitar las crisis periódicas que nos caen encima cada año, cuando la escasez de lluvias reduce la producción de las represas y que le imponen a Uruguay un gasto extra de cientos de millones de dólares. El ingreso de energía paraguaya más barata es una solución asequible y acordada pero que se esfuma por obra y gracia de la espalda que nos da, una y otra vez, el gobierno argentino. Tal vez algún día aparezca petróleo en el territorio o en la postergada explotación de los yacimientos de hidrocarburos detectados en la plataforma marítima. Entre tanto, el gobierno debe concentrar su empeño en el desarrollo de fuentes de energía disponibles con la abundancia de vientos, que son gratis, y por biomasa, y en la planta regasificadora, en procura de ser dueños de nuestro factible suministro propio de energía en un futuro no demasiado lejano.




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