Nacional - MORTALIDAD INFANTIL
Marginalidad en los pasillos del hospital
Una mezcla explosiva de nacimientos prematuros, madres adictas y falta de personal
Son las nueve de la mañana; el pediatra llega al Hospital Pereira Rossell. Camina por una calle interna hasta el edificio donde está el sector Maternidad. Se cruza con dos o tres adolescentes que escuchan música en sus celulares y fuman en la puerta. Entra, nadie le presta mucha atención, no hay seguridad alguna. Saluda a la recepcionista, sube por la escalera al primer piso. Allí es el Servicio de Recién Nacidos del hospital, el más grande del país. En la sala de partos del segundo piso nacen 25 niños por día, 8.000 de los 47.000 que nacen al año. El pediatra deja sus pertenencias en una salita y se dirige hacia el pasillo donde se encontrará con los dos médicos que atendieron la noche anterior.
Escucha: embarazo prematuro, no controlado, madre adicta a la pasta base. Esas 10 palabras juntas son cosa de todos los días en el Pereira Rossell y son la principal explicación que los pediatras encuentran al aumento de la mortalidad infantil. De hecho, algunos consideran que es probable que las estadísticas de ese hospital hayan determinado sustancialmente el incremento de la tasa nacional. El 15% de los niños que nacen en el Pereira Rossell son prematuros.
El pediatra sigue atento a las anécdotas de sus colegas. Dos recién nacidos pasaron la noche en la sala de recepción por falta de personal. Es un sitio húmedo, con una sola canilla para lavar todos los materiales, donde pueden contagiarse infecciones de otros niños. Allí deberían estar media hora para determinar si son niños sanos y puedan ir con sus madres, o si precisan internación. Uno de los dos bebés pesó 1.500 kg, el otro 2.000 kg. Ambos habrían necesitado una incubadora. El pediatra mira la planilla y se entera de que hubo que derivar a dos madres de riesgo. Una fue a Maldonado, la otra la trasladaron hasta Paysandú. Esa mañana hay 17 usuarios de ASSE internados en instituciones privadas por la falta de recursos humanos.
Algo similar sucede todos los días del año, pero los fines de semana y feriados empeora. También se agrava en invierno, porque la demanda se dispara por las infecciones respiratorias y el personal es más escaso todavía. Tanto en el mutualismo como en ASSE se torna difícil conseguir gente para las guardias, pero el privado puede ofrecer $ 600 o 700 por la hora de CTI, superar ampliamente los $ 300 que paga el público, y quedarse con el enfermero, el pediatra intensivista o el neonatólogo que precisa. En esa “carrera salarial”, como le llaman los médicos, siempre termina perdiendo el público. Por eso hace años que reclaman un salario único por especialidad a nivel nacional, algo que el sistema político considera bueno pero que no se dispone a implementar.
“Si esto no se ha vaciado, es porque tenemos a Dios de nuestro lado”, dice Beatriz Ceruti, jefa del Servicio de Recién Nacidos y, según sus subordinados, gran responsable de que esa dependencia no haya cerrado todavía. “Es un milagro”, agrega sentado a su lado Wilson Guillén, presidente de la Sociedad Uruguaya de Neonatología y Pediatría Intensiva (Sunpi).
Allí la reforma sanitaria ni se notó. Siguen yendo a dar a luz las mismas madres de los mismos barrios carenciados, jefas de familia, pobres en situación de calle. No entraron al Sistema de Salud porque no trabajan. La diferencia, asegura Ceruti, es que a eso, desde hace unos años, se le agrega la drogadicción. Los niños cuyas madres fuman pasta base nacen adictos, deprimidos, tienen convulsiones. “Cuando recién empezó (el consumo de pasta base) decíamos ‘qué espantoso’. Ahora sigue siendo horrible pero nos acostumbramos”, cuenta la especialista.
En el Servicio de Recién Nacidos hay techos con hongos y descascarados. El sonido de los monitores que controlan el corazón de los bebés se impone al murmullo del personal. Junto a algunas incubadoras hay madres pacientes que acarician a sus hijos a través del plástico. En otras hay bebés minúsculos, solos. Cada tanto se ven dos o tres cunas vacías porque, está claro, no hay personal suficiente.
En una carta difundida el martes, la Sunpi denunció esas carencias y otras en la Unidad de Cuidados Intensivos de Niños del mismo hospital, donde se atiende a los niños más grandes. Adjudican los problemas a “mala gestión de la autoridades”, “políticas de gestión basadas en apagar incendios”, “despilfarro del dinero público, pagándose cifras elevadas por estadía de niños en CTI privados”, “falta grave de recursos humanos sin respuesta de las autoridades”, e “ineficacia y lentitud extrema a la hora de presupuestar a los funcionarios”. Hasta ayer no habían recibido respuesta de las autoridades y ponían como plazo máximo el 6 de julio. Luego de esa fecha, evaluarán medidas a tomar.




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