El reciente estreno de la película El brutalista, protagonizada por Adrien Brody y nominada a los Premios Oscar 2024, puso nuevamente en el centro de la escena a la arquitectura brutalista. La estética de los imponentes edificios de hormigón visto, sus formas geométricas y su énfasis en la funcionalidad han generado tanto admiración como rechazo desde su origen, en la posguerra.
Este movimiento arquitectónico, surgido entre las décadas de 1950 y 1970, se basó en la idea de que la estructura debía ser honesta y visible, sin ornamentos innecesarios. La escuela brutalista tuvo una fuerte influencia en Latinoamérica, particularmente en Argentina, donde muchos edificios públicos adoptaron esta corriente para expresar modernidad, eficiencia y monumentalidad.
A diferencia de otros países, donde el brutalismo quedó relegado en favor de estilos más livianos y vidriados, en Argentina ha logrado consolidarse como un referente del patrimonio arquitectónico. En este contexto, cuatro edificios representan algunos de los mejores ejemplos de esta corriente en el país, con diseños innovadores y un impacto visual inconfundible.
Biblioteca Nacional Mariano Moreno: el brutalismo suspendido en el aire
Si hay una obra que define el brutalismo en Argentina, es la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, en la Ciudad de Buenos Aires. Diseñada por Clorindo Testa, junto con los arquitectos Alicia Dora Cazzaniga y Francisco Jorge Bullrich, el proyecto fue seleccionado en un concurso nacional en 1961, pero su construcción se extendió durante tres décadas hasta su inauguración en 1992.
Ubicada en el terreno donde antes estuvo la histórica Quinta Unzué, residencia presidencial hasta 1958, la Biblioteca se destaca por una estructura inédita en el país: una gran masa de hormigón elevada sobre pilares, con los depósitos de libros enterrados bajo tierra. Esta decisión no solo respondió a una cuestión funcional, sino también simbólica: el edificio “flota” sobre la ciudad, marcando un fuerte contraste con el entorno urbano de la Avenida del Libertador.
Testa, uno de los arquitectos más influyentes de Argentina, se inspiró en los restos fósiles de un gliptodonte hallados durante la excavación del terreno, lo que lo llevó a diseñar la base del edificio con columnas que evocan las patas del extinto animal. Su diseño fue revolucionario para la época, y hoy es un ícono de la arquitectura brutalista en América Latina.
Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano: la integración con el paisaje
Ubicada en la ciudad de Córdoba, la Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano es uno de los ejemplos más sofisticados del brutalismo argentino. Diseñada por Osvaldo Bidinost, Jorge Chute, José María Gassó, Mabel Lapacó y Martín Meyer, su construcción se llevó a cabo entre 1960 y 1971, como resultado de un concurso de anteproyectos convocado por la Universidad Nacional de Córdoba.
A diferencia de la monumentalidad de la Biblioteca Nacional, este edificio se integra con el paisaje, aprovechando la cercanía del río Suquía. Su estructura de hormigón armado, con un único gran techo plano, permite una fluida conexión entre los espacios interiores y exteriores, generando un ambiente de gran apertura visual.
Su diseño está basado en un sistema pabellonal, donde las actividades académicas y administrativas se desarrollan bajo una misma cubierta. Además, la arquitectura de la Escuela Manuel Belgrano tiene un fuerte componente social, ya que sus espacios fueron pensados para fomentar la interacción entre estudiantes y docentes.
La importancia de este edificio trascendió las fronteras nacionales: recientemente, la Fundación Getty otorgó un subsidio para su restauración, en un esfuerzo conjunto entre la Comisión Nacional de Monumentos y la Universidad Nacional de Córdoba. Esta intervención servirá como modelo para la recuperación de otras obras brutalistas en el país.
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Palacio Municipal 6 de Julio: funcionalidad y monumentalidad en Córdoba
Otro referente del brutalismo en Córdoba es el Palacio Municipal 6 de Julio, sede del gobierno local. Diseñado por el prestigioso Estudio SEPRA, conformado por Santiago Sánchez Elía, Federico Peralta Ramos y Alfredo Agostini, su construcción se completó en 1953, tras un concurso nacional impulsado por la Municipalidad.
Este edificio combina la funcionalidad de una sede administrativa con la monumentalidad propia del brutalismo. Su diseño se basa en volúmenes de hormigón bien diferenciados, donde cada sector cumple una función específica. A través de explanadas y terrazas, el Palacio se articula con el entorno urbano, marcando un diálogo con la ciudad sin perder su carácter imponente.
Uno de los aspectos más innovadores de esta obra es su claridad en la distribución de espacios, lo que permite una circulación eficiente dentro del edificio. Su diseño, sobrio pero de gran presencia, se convirtió en un hito del brutalismo en Argentina y en un referente de la arquitectura institucional de mediados del siglo XX.
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Facultad de Arquitectura de la Universidad de Mendoza: la síntesis del brutalismo argentino
Ubicada en la capital mendocina, la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Mendoza es una obra excepcional dentro del brutalismo argentino. Diseñada por el arquitecto italiano Enrico Tedeschi y construida entre 1962 y 1964, se distingue por su enfoque integral en el uso del hormigón y los materiales industriales, logrando una estructura de gran calidad estética y funcional.
Tedeschi, quien dejó una fuerte impronta en la arquitectura latinoamericana, concibió esta obra como un ejercicio de síntesis entre tecnología, expresión plástica y funcionalidad. El edificio resuelve en una sola estructura aspectos clave como la protección solar, la circulación interna y la integración con el entorno.
Su impacto fue reconocido a nivel internacional en 2015, cuando fue seleccionada para la exposición Latinoamérica en Construcción: Arquitectura de 1955 a 1980 del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), un hito que reafirma su valor dentro del brutalismo global.