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27 de marzo 2025 - 5:00hs

Sube al escenario con una bandera blanca, pero lejos de rendirse Nathy Peluso la ondea como una declaración de principios. Los de un álbum que fue honesto con su sonido, con su identidad como artista, con su búsqueda personal: GRASA.

Mientras suena La grasa de las capitales (Serú Girán, 1979) la artista argentina aparece como la abanderada de una conquista musical y simbólica.

GRASA: vulgar, grosero, terraja. Peluso toma una palabra cargada de odio y la convierte en una celebración del placer, la fama y el hedonismo. Dieciséis canciones que compuso como un ejercicio de reencarnación. Después de matar un disco entero que no estaba a su altura apretó borrar y empezó de nuevo.

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Un renacimiento a su vez personal, después de enfrentar el vértigo de la fama, la presión del éxito y su repercusión en la salud mental. Un proceso de reconocimiento que la puso en marcha, cada vez más cerca de su deseo.

GRASA es su tercer álbum de estudio, el disco sucesor de Calambre (2020) que la catapultó al éxito internacional. Un disco en el que volcó un sentimiento visceral y vulnerable. Un cóctel de sonidos de Iberoamérica, desde salsa hasta el bolero, pasando por el rap, hip hop y influencia del funk carioca.

Busco que sea una época. Que al final mi público pueda detectar y decir esto era GRASA. Busco que sea una época. Que al final mi público pueda detectar y decir esto era GRASA.

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Corleone es la canción que marca la apertura de un show marcado por su virtuosismo. La canción que abre el disco funciona como el aterrizaje a un mundo cinematográfico con códigos de lealtad, familia y respeto al estilo El Padrino, antes de pasar por escenas como las de Tienes que aprender a amarte, Legendario, Manhattan o Todo Roto, la colaboración con Ca7riel y Paco Amoroso que incluyó en su último álbum.

La política, la fama y la pasión son tres elementos que atraviesan el álbum de la artista argentina, debajo de la premisa del culto al amor propio y el crecimiento personal. “Tienes que aprender a amarte, perra”, le gritan desde las tribunas.

Aunque le ponga azúcar, la política tiene sabor a cemento
Todos queremo' la revolución, ¿pero quién le dedica un momento?
"Para odiar hay que querer", dijo el Pity
Toca atravesar la calentura de la city

Un escenario tapizado con una alfombra azul, que recuerda el espíritu del vídeo conceptual que acompaña el lanzamiento del disco, una tela que parece desnuda sostiene el fondo y tres bailarines que se convierten en el elenco –y por momentos la escenografía– de una experiencia teatral entre besos y tiros. Entregan el cuerpo sobre el escenario.

Embed - GRASA - NATHY PELUSO

Juanma Montoya en la guitarra, Didi Gutman en los teclados, Fran Alduncin en la batería y Tito Bonacera en el bajo. Los cuatro en dos fosas incrustadas en el medio del escenario, como en una gala de música clásica. Pero ella aparece peligrosa, provocadora, agresiva; moviendo la cola, escupiendo barras y haciendo gritar al público del Teatro de Verano.

Las canciones de su último disco se encuentran con algunos de sus éxitos de Calambre como Business Woman, Delito, Sana Sana o temas como la colaboración con el productor argentino Bizarrap ( Bzrp Music Sessions, Vol. 36) que marcó un punto de inflexión en su proyección internacional.

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Ateo, la colaboración que lanzó con C. Tangana en 2021 como parte de El Madrileño (La Sobremesa), parece una plegaria de adoración en uno de los templos de la música uruguaya. La voz del cantante español queda en el aire en una transición con No les creo nada, un interludio del que participa en GRASA.

Yo no les creo nunca cuando hablan
No les creo cuando dicen que soy el mejor
Ni cuando, cuando dicen que soy el peor
Solo les creo cuando bailan, cuando ríen, cuando lloran
Ahí no tienen forma de mentir

Veo a mi publico cada día y sé que mi gente está llena de valentía, llena de fortaleza, gente triunfadora. Ya allá donde vamos las triunfadoras siempre hay alguien que se muere de envidia”, le dice Peluso al público desde una postura casi pictórica, desparramada en tres escalones azules que llevan a Envidia, uno de los temas más emocionalmente cargados del álbum.

“Mi gente de Uruguay, tengo una pregunta para ustedes. ¿Ustedes saben cómo me llaman?”, pregunta Peluso y entre el público la respuesta adelanta la próxima canción. “Mafiosaaaa”, así estirando la última vocal. “A mí me llaman de muchas maneras, pero hay una en la que tienen razón”.

Peluso delimita su propia femineidad, avasallante y desprejuiciada como el personaje principal de una película de Scorsese si las de Scorsese tuviesen protagonistas femeninas. Exuberante. Nathy Peluso se desborda en el escenario en una rutina de sensualidad, goce y talento. Eso que no se compra, que se trabaja y no se negocia.

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Un bloque de salsa en el corazón del show. Puro veneno, La Presa como la continuación de ese crimen de amor, y su más reciente lanzamiento, Erotika. “La salsa está presente perras, ¡que se sienta!”, dice Peluso y besa una rosa roja y la tira al público. Nada en Nathy Peluso funciona a medias, ni su interpretación vocal, ni su despliegue escénico, ni el espíritu teatral y dramático de su personaje.

Siempre presten atención a eso que los mueve, que les da garra, que les da corashe", dice en un alegato a favor de la intuición que va directo al proceso de creación de GRASA antes de cantar El día que perdí mi juventud con la vulnerabilidad y la desnudez de una voz versátil en su faceta más melódica.

El Teatro de Verano se mueve a mover con el ritmo frenético de Salvaje y Menina, antes de volver a la calma de Buenos Aires o la alegre referencia de Vivir así es morir de amor, la versión de Peluso del clásico de Camilo Sesto. Baila como si lo hubiera sabido toda la vida, como si pusiera tanto esfuerzo en ello como en caminar.

Y de repente llega el final.

Un show que de alguna manera termina donde volvió a empezar. Un compendio de sensaciones y valor intangible que la artista describiría como “una cosa de feeling” en una entrevista en la que expone su proceso creativo. Eso que la impulsó a cerrar el proyecto anterior y comenzar de nuevo, con Remedio como única sobreviviente.

No tengo remedio
Yo siempre fui así, no me permito rendirme aquí
Y si acaso me arrepiento
Por un solo momento, recuerdo que yo no tengo remedio

Antes de irse, Nathy Peluso se agacha y golpea el suelo del Teatro de Verano, ese por el que pasaron más de 80 años de artistas antes que ella, y se despide con un deseo. ¡Que viva la música! Los amo por siempre, Uruguay. Que siempre mueran de amor.

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