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5 de abril 2025 - 5:00hs

La playa Pocitos está a 20 metros y se aprecia desde un enorme ventanal. En el living aparecen hermosas pinturas colgadas o en caballetes que fueron obra de Adriana, su esposa, con la que en setiembre festejarán 50 años de casados. Jorge Fossati las muestra con un orgullo y un amor, como si estuviera besando a uno de sus siete nietos o a sus tres hijas. No puede faltar, obviamente, un banderín de Goes que era de su suegro, quien fuera presidente de dicho club, que lo cuida celosamente.

Embed - #REFERI | Jorge Fossati: Era hincha de Nacional y fue ídolo de Peñarol

Así, Jorge se abre a la charla con Referí acerca de su vida, del fútbol y del básquetbol.

“Yo nací en Isla de Gaspar y Camino Carrasco. Isla de Gaspar 2486, esquina Camino Carrasco. Pero allí estuve hasta los cinco años y son pocos recuerdos. Sí tengo algunos recuerdos jugando a la pelota en el pedazo de pasto que teníamos adelante con mi hermano Óscar. Se nos iba la pelota para la casilla del perro y se armaba un lío bárbaro para entrar a buscarla. Un día entró un vecino, y el perro lo arañó todo en la espalda”, comienza.

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Óscar e Isabel, los padres de Jorge Fossati con su primer nieto, hijo de su hermano Óscar

Óscar e Isabel, los padres de Jorge Fossati con su primer nieto, hijo de su hermano Óscar

Y continúa: “Íbamos a remontar cometas con mi padre los domingos, o a jugar a la pelota, que era el único momento que veía a mi padre, porque él tenía un almacén con su hermano y el laburo era de lunes a lunes. Después, mis padres con mi hermano y yo, nos mudamos al que siento mi barrio hasta hoy que es el Goes".

"Y de allí los recuerdos normales de una infancia que se dividió entre la calle, la escuela y el Colegio San Miguel, en el oratorio de los padres salesianos. No iba al colegio, iba a la escuela pública, pero allí íbamos todas las tardes los gurises del barrio, y la pasábamos fenomenal: deporte, juegos de salón, y también un poco de inculcarnos la religión. Pero eso era muy sutil, el tema era que compartiéramos, que fuéramos aprendiendo valores en la simpleza del día a día”, explica.

20250326 Entrevista a Jorge Fossati, tecnico y ex jugador de fútbol.

En ese colegio comenzó su fe religiosa que lo acompañó el resto de su vida. “Iba junto con mi madre Isabel, quien era muy devota de la Virgen Milagrosa. Fue importante en mi fe religiosa. Insisto, yo creo que era más que nada la sutileza de un hermano, no era padre, no era cura, el hermano Mateo Graña, quien era el director de ese lugar donde íbamos. Te inculcaba valores a través de lo sencillo. Son valores de la vida. Para mí, cristiano, porque yo me crie dentro de la filosofía cristiana, me parece que es fundamental”.

Aquella niñez era un vaivén de traqueteo físico. “Todos los días eran de deportes: fútbol, básquetbol. Había jugadores de Primera división que hacían parte del grupo, y había uno a la vuelta de casa, con el que yo tenía mucha confianza, que es el abuelo de Lucas Hernández, actual jugador de Peñarol. Se llamaba Elbio Perdomo, gran centrodelantero de Central, especialmente goleador, y él me empezó a inculcar cosas que tenían que ver con la posición de arquero. Yo era de los más chicos entonces y me decían: ‘¿Querés jugar con nosotros’ Andá al arco’”.

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Jorge Fossati cuando defendía el arco de Independiente de Avellaneda en 1981

Jorge Fossati cuando defendía el arco de Independiente de Avellaneda en 1981

Fossati cuenta que a él le encantaba "el básquetbol, me encanta hoy, más allá de mi pasión por Goes como hincha. Tener un club tan cerca y tener amigos allí, ir a entrenar, cada vez me gustaba más. Llegó un momento cuando ya estaba en las juveniles de Rampla, venía a mi casa desde el Cerro, de ahí a Goes, por supuesto todo en ómnibus. Me bajaba en el Palacio Legislativo que era lo más cerca que me dejaba, iba caminando a casa a tomar una merienda rápida que me tenía preparada mi vieja, seguía caminando a Goes, y allí me quedaba hasta que me echaban. Entrenaba con el equipo, pero después me quedaba solo igual”.

En ese club llegó a jugar algunos partidos y con jugadores emblemáticos. Lo cuenta: “Llegué a meterme en una misma cancha unos minutos con el gran Rancho Rial o con el Mono Vignola, que eran mis ídolos. Pero ahí, en 1968 o 1969, me llamaron a una selección juvenil y estaban el Manteca González, Freddy Fernández de Bohemios, no estaba Daniel Vannet, que era un poco mayor, Mahoma Wenzel, y varios más”.

20250326 Entrevista a Jorge Fossati, tecnico y ex jugador de fútbol.

Y, ¿cuál fue la locura más grande que hizo por Goes? “Mirado desde acá, a veces es locura. Hay algo que nosotros los veteranos, sacamos conclusiones de que para los jóvenes, por ahí les contamos alguna cosa y no te pueden creer. Porque te juzgan con los libros de hoy. Por ejemplo, si se armaba lío y te ibas, no te podías mirar al espejo. Vos tenías que ir, estaban tus amigos, y en ese sentido, puse la cabeza un montón de veces, me pegaron por todos lados, cobré mucho más de lo que pegué, pero era así, así lo entendíamos. Por ahí era una pelea de una hora, pero después, si te dejaban una marca, no llamábamos a ningún abogado. Era a tracción a sangre, no era un tema de agarrar armas. Era sacarnos las ganas y ahí se terminaba, con esos códigos. Difícilmente, sucediera algo más que eso”.

Y sigue: “Sí, locuras hice muchas, hasta como jugador, de salir de jugar un partido en la Tercera de Rampla en el Estadio (Centenario), e irme a la cancha de Stockolmo porque jugábamos esa misma noche con los juveniles de Goes. También terminó en un lío bárbaro, que el gran Adesio Lombardo, figura ilustre de Stockolmo del lado de ellos y del lado nuestro, el Negro Acosta, Eve Acosta, y el Rancho Rial que estaban ahí, nos salvaron a los gurises de que pasara algo mayor porque había pintado fea la cosa”.

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Jorge Fossati y su compañero Mazo en Independiente en 1981

Jorge Fossati y su compañero Mazo en Independiente en 1981

En su adolescencia, quiso ayudar a su padre Óscar y a su mamá, en lo económico y trabajó durante un tiempo.

“Nunca, a pedido de mi padre, quien era un laburante, pero trabajé en mi adolescencia. De lo esencial, nunca faltó nada en mi casa, pero no sobraba nada tampoco. Y llegó un momento que pensé que debía ayudar. Y ahí en Goes, de alguna manera con trampita, -porque en ese momento si yo me iba, si firmaba contrato con un equipo de fútbol, como pasó después, no podía jugar más al básquetbol como lo hacía-. Eso me trajo un problema de salud y estuve como seis meses que no sabían ni qué tenía, pero que al final pasó gracias a Dios y no sucedió nada. Pero estando en Goes, me ofrecieron un empleo en Alberto Brignoni, una casa de pisos, y trabajaba en las oficinas. Duré un verano. Un nabo, ya que laburé todo el verano. Tendría que haber laburado todo el invierno, pero luego Rampla me hizo contrato y después seguí en la misma porque ya debuté en Primera y terminó el año y el plantel tenía ocho meses de atraso sin cobrar”, recuerda.

La enfermedad que lo tuvo a mal traer en plena adolescencia

Uruguay estaba disputando el Mundial de 1970 en México y Jorge tenía 17 años. Allí sufrió ese problema de salud al cual se refirió líneas arriba.

Así lo cuenta: “De un día para el otro, me fui a incorporar en la cama y me dolía la muñeca, al otro día los codos, los hombros, todas las articulaciones, y llegó un momento que ir hasta Goes, que era el único lugar al que iba, que era a tres cuadras de mi casa, demoraba más de media hora, porque iba al paso de una persona de 90 años, y con miedo de caerme porque no tenía fuerza en ningún lado. Ahí me llevaron a la Clínica del Fútbol y me empezaron a decir que tenía hernia de disco, que tenía la columna desviada, pie plano y que no sé cuánta cosa, pero no cambiaba nada. Inclusive le llegaron a mandar una carta a Rampla diciéndole que yo no podía hacer más deporte”.

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La selección uruguaya juvenil de 1971; arriba, Omar Garate, Carlos Trasante, Washington Areco, Luis Angrisani, Miguel Ángel Piazza, Carlos Luthar, Jorge Fossati, Héctor Loureiro, Santos González, Carlos Cabrera y Ricardo Islas; abajo, Gustavo Dittman, Jorge Riveiro, Jorge Fanis, Washington Vargas, Julio Pereira, Miguel Mansilla, Richard Forlán, Héctor Resola, Daniel González y Ruben Suárez

La selección uruguaya juvenil de 1971; arriba, Omar Garate, Carlos Trasante, Washington Areco, Luis Angrisani, Miguel Ángel Piazza, Carlos Luthar, Jorge Fossati, Héctor Loureiro, Santos González, Carlos Cabrera y Ricardo Islas; abajo, Gustavo Dittman, Jorge Riveiro, Jorge Fanis, Washington Vargas, Julio Pereira, Miguel Mansilla, Richard Forlán, Héctor Resola, Daniel González y Ruben Suárez

Pero para su suerte, Waldemar Rial lo vio en una práctica de Goes y le preguntó qué le pasaba.

“Me contó que había ido a un médico que acá en Uruguay no lo dejaban ejercer, un médico español, porque su técnica no estaba aprobada por la Facultad de Medicina, etc. Fui a ese médico, se llamaba Alemanic, en 18 de julio y Acevedo Díaz, atendía en su apartamento. Y si no te llevaba un paciente, no te atendían porque, de alguna manera, era ilegal lo que él hacía y te atendía con masajes en la columna nada más", comienza contando.

Y prosigue: "A mí no me dio un comprimido, nada. Le conté, me hizo dos o tres preguntas sobre síntomas que había tenido y yo no entendía cómo sabía eso solo con mirarme. En cinco o seis sesiones me recuperé. Me pidió que esperara, esto sería setiembre, que no hiciera deporte por ese año, pero yo quería que no se olvidaran de mí, fui a Rampla, le pedí al Cabecita Puente para jugar y el loco se la jugó, porque había una carta del centro médico que no permitía que yo hiciera deporte. Terminé jugando tres o cuatro partidos que faltaban, en la Cuarta, y cuando me iba a disponer a descansar, me llamaron de la selección juvenil uruguaya y seguí de largo. Jugamos en Paraguay el Sudamericano de 1971. Cuando volví el Pepe Sasía me estaba esperando en Rampla para que jugara de titular y así seguí y no paré más”.

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Jorge Fossati en una práctica de la selección uruguaya juvenil en 1971

Jorge Fossati en una práctica de la selección uruguaya juvenil en 1971

No fue un episodio más en su vida, y como explica, no le sucedió solo en una oportunidad. Cuenta que no sabe si corrió riesgo de muerte, pero se pone más serio al hablar del tema.

“Esa fue la primera vez, pero no fue la única. Se hablaba más de que podía quedar -la verdad me choca hasta decir la palabra- pero que podía quedar paralítico, porque era algún tema de la columna que no se llegaba a descifrar porque tampoco en ese momento había la tecnología que hay hoy”, relata.

Y continúa: “Después me pasó otra vez en Chile, en Temuco en 1984 y ahí sí el médico me lo dijo directamente. ‘Si usted juega el domingo, puede quedar paralítico’. Entonces me llevaron a Santiago, me hicieron ver a 14 diferentes, uno con acupuntura, otro que era un masajista, le decían el mago. Allí iban todos los jugadores de Primera división de Chile, de la selección y todo. Me fui a Concepción, donde jugaba el equipo contra Huachipato -nunca se había llegado a esas instancias- me pidió el técnico, jugué, y yo creo que Dios me aguantó con la mano, porque no podía ni caminar bien, pero clasificamos a la semifinal que después jugamos contra Católica”.

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Olimpia de Paraguay en 1983: arriba, Alicio Solalinde, Juan Caballero, Roberto Krausemann, Gustavo Benítez, el uruguayo Julio César Rodríguez y Jorge Fossati; abajo, Rafael Bobadilla, Carlos Kiese, Adriano Samaniego, Hugo Talavera y Eduardo Ortiz

Olimpia de Paraguay en 1983: arriba, Alicio Solalinde, Juan Caballero, Roberto Krausemann, Gustavo Benítez, el uruguayo Julio César Rodríguez y Jorge Fossati; abajo, Rafael Bobadilla, Carlos Kiese, Adriano Samaniego, Hugo Talavera y Eduardo Ortiz

Entonces reflexiona sobre esas “locuras” que pudo haber hecho en su vida, además de esta.

“Yo soy casado y en ese momento ya tenía a mis tres hijas, pero hay momentos en que hay que ponerse límites. Quizás no me los puse, me salió bien y no pasó nada. Pero sí corrí riesgos que son ilógicos y alguna otra locura que también hice como padre de familia que no podía hacer. Andábamos en autos que tenían 20 años y que estaban atados con alambres, literal, y yo pensaba que iba en una Ferrari con mi familia arriba. Esas cosas hoy pienso y respiro de cómo hice esa locura poniendo en peligro a mi familia. Lo otro que conté sobre mi salud, bueno, (si pasaba algo malo) era yo y mala suerte”, explica.

20250404 Jorge Fossati en Avaí de Brasil en 1988
Jorge Fossati en Avaí de Brasil en 1988; el último de los parados es el uruguayo Juan Jacinto Rodríguez

Jorge Fossati en Avaí de Brasil en 1988; el último de los parados es el uruguayo Juan Jacinto Rodríguez

De hincha de Nacional a manya con cinco títulos de campeón uruguayo como jugador y uno como técnico

Jorge se crio escuchando la radio, como todos los niños y jóvenes de aquella época. Y sus ídolos eran de Nacional.

Así lo cuenta: “Los ídolos normales que teníamos en aquella época eran los jugadores de Primera. Y no cuento ninguna infidencia: en ese momento, mis ídolos estaban en Nacional, más allá de que yo respetara a los ídolos de Peñarol, porque yo era hincha de Nacional: Roberto Sosa que era el arquero de Nacional del momento, Jorge Manicera que después yo llegué a jugar con él en Central, (Luis) Artime…”.

Pero el destino o Dios lo llevaron por otro camino. El que le abrió las puertas fue Peñarol.

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Un equipo de Peñarol de 1977: arriba, Eduardo Del Capellán, Gustavo Faral, Carlos Peruena, Juan José Duarte, Jorge Fossati y Juan Vicente Morales; abajo, Lady Pizzani, Julio César Giménez, Fernando Morena. Ildo Maneiro y Juan De Jesús

Un equipo de Peñarol de 1977: arriba, Eduardo Del Capellán, Gustavo Faral, Carlos Peruena, Juan José Duarte, Jorge Fossati y Juan Vicente Morales; abajo, Lady Pizzani, Julio César Giménez, Fernando Morena. Ildo Maneiro y Juan De Jesús

“Después me cambiaron, la vida me cambió totalmente y jugué y me hice hincha de Peñarol. Pude entrenar, no jugar juntos porque los dos jugábamos en el mismo puesto, con quien fue mi ídolo. Porque si me decís elegí uno, era el Chiquito Mazurkiewicz. Lo que le vi hacer al Chiquito ya en aquel momento en televisión, en 1966 y 1970, con la edad que tenía, y en la posición que jugaba, que a mi gusto, es la posición dentro del fútbol que ha progresado más, fue increíble”, dice.

Peñarol lo supo esperar pero Jorge también tuvo que hacer un esfuerzo grande para quedarse y ser, finalmente, campeón uruguayo en 1973, 1974, 1975, 1978 y 1979.

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Un equipo de Peñarol de 1979: arriba, Víctor Diogo, Jorge Fossati, Gustavo Faral, Nelson Marcenaro, Julio Rodríguez y Juan Vicente Morales; abajo, Daniel Quevedo, Rodolfo Abalde, Fernando Morena, Ildo Maneiro y Washington Olivera

Un equipo de Peñarol de 1979: arriba, Víctor Diogo, Jorge Fossati, Gustavo Faral, Nelson Marcenaro, Julio Rodríguez y Juan Vicente Morales; abajo, Daniel Quevedo, Rodolfo Abalde, Fernando Morena, Ildo Maneiro y Washington Olivera

“Llegué en 1973 a Peñarol. Pedí para irme de Rampla porque nos debían ocho meses, pasé a Central y este otro club nos debía seis meses. A fin de año le pedí a un dirigente que me dejara libre y el tipo me dijo: ‘La verdad, te has portado demasiado bien (con nuestras deudas), te tenemos que dejar libre’. Como decía hace un rato, yo quería ayudar en mi casa, entonces me vino a buscar Peñarol. Por supuesto que fue el gran salto y el gran sueño de jugar en uno de los grandes de Uruguay. Jugué poco, 10 o 12 en esos años 1973-74 porque estaba Walter Corbo de titular”, comenta.

Y prosigue: “En 1975 un poco más, pero lo mismo, poco, como se da normalmente con un arquero suplente. Es difícil”.

Entonces en 1976 tomó una determinación importante, porque ya era papá y quería jugar.

“Fui a pedirle (al presidente Washington) Cataldi que me dejara ir, pero estaba de viaje. Ahí ya estamos hablando de un Jorge que era casado y con una hija. Entonces yo ya tenía que empezar a jugar de verdad, ya tenía 22, 23 años. Wanderers me quería y me iban a cambiar por aquel arquero argentino (Miguel, El Loco) Ortiz. Cuando vino Cataldi me llamó y me dijo: ‘Jorge ¿por qué estás pidiendo irte?’. Y le contesté: ‘Fíjese presidente, no jugaba con Walter (Corbo), ahora no solo tengo a Walter adelante, sino que volvió el Chiquito Mazurkiewicz’", cuenta.

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Un equipo de Peñarol en 1980: arriba, Víctor Diogo, Domingo Cáceres, Jorge Fossati, Nelson Gutiérrez, Nelson Marcenaro, Lorenzo Unanue y Mario Zoryez; abajo, Venancio Ramos, Ernesto Vargas, Washington Olivera y Ruben Paz

Un equipo de Peñarol en 1980: arriba, Víctor Diogo, Domingo Cáceres, Jorge Fossati, Nelson Gutiérrez, Nelson Marcenaro, Lorenzo Unanue y Mario Zoryez; abajo, Venancio Ramos, Ernesto Vargas, Washington Olivera y Ruben Paz

Así continúa: "Y me explicó: ‘A Walter lo vendemos a mitad de año y vos quedate porque vas a jugar, vos tranquilo, sos un gran arquero y estás pasando por el proceso’. Cataldi era un visionario de verdad, no porque haya dicho que yo era bueno. Me convenció, me quedé y Cataldi cumplió con lo que dijo y Corbo se fue en agosto para Gremio. Quedó el Chiquito y a poco de empezar a jugar, lo expulsaron y luego y se lesionó del tendón de Aquiles y terminé jugando yo. Era una cosa de locos, yo jugando y el Chiquito Mazurkiewicz en el banco, era de no creerse. Luego se fue para Cobreloa y seguí jugando hasta 1980”.

Por esos días, a Jorge le llegó la noticia de que lo quería Independiente de Argentina, pero Cataldi no quería que se fuera.

Y su definición no deja de ser particular: “Él sostenía que a mí en los partidos fáciles, había que ponerme uno (un compañero) para que me cuidara porque yo era un peligro, pero que en los partidos difíciles siempre aparecía”.

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Un equipo de Peñarol en 1980: arriba,  Jorge Fossati, Hugo Fernández, Edison González, Shaka Ngkobo, Mario Saralegui y Jorge Lasalvia; abajo, Rodolfo Abalde, Alfredo Arias, Alberto Santelli, John Yawson y Dámaso Clavijo

Un equipo de Peñarol en 1980: arriba, Jorge Fossati, Hugo Fernández, Edison González, Shaka Ngkobo, Mario Saralegui y Jorge Lasalvia; abajo, Rodolfo Abalde, Alfredo Arias, Alberto Santelli, John Yawson y Dámaso Clavijo

Al final lo transfirieron a Independiente en el que fue compañero, entre otros, de Antonio Alzamendi, Jorge Olguín –quien entonces era vigente campeón del mundo con Argentina–, Ricardo Bochini y Daniel Brailovsky, que había jugado con él en Peñarol. Y no le fue mal.

Jorge traza un resumen de lo que fue su exitoso pasaje por Peñarol antes de emigrar.

“Fueron ocho años de los cuales cinco fuimos campeones uruguayos. Recuerdo el día que en un clásico salió el Chiquito (Mazurkiewicz) lesionado y yo tuve que entrar a suplantarlo, ganamos 1-0 y cuando llegué al vestuario Jorge Delgado, el utilero histórico de Peñarol, se reía como loco porque me decía que estaba más transpirado que si hubiera jugado cinco partidos juntos”, dice sonriendo.

Y habla de un momento especial que vivió mientras defendía esos colores. “El día después de que nació Daniela –su primera hija–, me dejaron salir de la concentración. Jugábamos una Liguilla. Fui a estar con Adriana, nació Daniela y me tenía que volver a Los Aromos. Le di un beso a Adriana y le dije: ‘Te prometo que mañana voy a atajar un penal y se lo dedicaré a Daniela’. Jugábamos contra Danubio y era un partido trascendente, (por la clasificación a la Copa Libertadores). Íbamos 2 a 0, cómodos, y hubo un penal a favor de Danubio. Yo no me acordé de nada, y fue gol de Ernesto Popelka, quien luego sería cura. Faltaban 5 minutos y hubo otro penal para ellos. Si nos empataban, prácticamente quedábamos afuera de la Copa Libertadores".

20250326 Entrevista a Jorge Fossati, tecnico y ex jugador de fútbol. Foto de Fossati junto a su hija.
Jorge Fossati cuando defendía el arco de Peñarol, con su hija Daniela, la mayor

Jorge Fossati cuando defendía el arco de Peñarol, con su hija Daniela, la mayor

Y continúa: "Se volvió a parar Ernesto para patearlo, y ahí sí yo me acordé (de lo que le había prometido a Adriana) y como que era imposible que me fuera a hacer el gol. Yo sentía antes de que pateara Ernesto, que le estaba tapando todo el arco, que no tenía forma de hacerme el gol. Y bueno, así sucedió, lo atajé. Por eso siempre he bromeado que Ernesto se hizo cura por mí, porque dijo ‘bueno, si este me ataja un penal yo me hago cura’. Y también de ese día yo tengo como norma que nunca como entrenador dejé patear a nadie dos penales en el mismo partido”.

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Independiente en 1981: arriba, Jorge Fossati, Carlos Kiese, Jorge Olguín, Hugo Villaverde, Rodolfo Zimmermann y Mario Killer; abajo, Antonio Alzamendi, Carlos Fren, Ricardo Albisbeascoechea, Ricardo Bochini y Alejandro Barberón

Independiente en 1981: arriba, Jorge Fossati, Carlos Kiese, Jorge Olguín, Hugo Villaverde, Rodolfo Zimmermann y Mario Killer; abajo, Antonio Alzamendi, Carlos Fren, Ricardo Albisbeascoechea, Ricardo Bochini y Alejandro Barberón

Luego de su pasaje por Independiente, jugó en Rosario Central, con el que primero ascendió a la A, y al otro año, fue campeón también, pero ya en esa divisional. Allí fue compañero, entre otros, del Patón Bauza y de Omar Palma.

Su etapa como técnico: parte del quinquenio con Peñarol y el dolor de quedar fuera del Mundial 2006 con la selección uruguaya

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Jorge Fossati con Rosario Central de Argentina; arriba, dos lugares hacia su izquierda, aparece el Patón Bauza, y abajo, Escudero y Omar Palma, entre otros

Jorge Fossati con Rosario Central de Argentina; arriba, dos lugares hacia su izquierda, aparece el Patón Bauza, y abajo, Escudero y Omar Palma, entre otros

Luego de su carrera de futbolista, Jorge se recibió de director técnico y se encargó de equipos muy importantes, comenzando en Peñarol, Cerro Porteño, Liga de Quito, Internacional de Porto Alegre, entre otros, y de selecciones como la uruguaya, la de Qatar y la de Perú.

Jorge Fossati
Jorge Fossati es tirado para arriba por los jugadores de Al Sadd de Qatar tras haber ganado la Champions de Asia

Jorge Fossati es tirado para arriba por los jugadores de Al Sadd de Qatar tras haber ganado la Champions de Asia

Fossati fue campeón de la Copa Libertadores con Internacional, y de la Copa Sudamericana y la Recopa Sudamericana con Liga de Quito. Conquistó todo. Y para sumar un título tan relevante, se puede sumar la Champions de Asia con Al Sadd.

De todas formas, reconoce la importancia de Peñarol en su carrera como entrenador y cómo ayudó al segundo quinquenio manya.

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Claudio Flores y el técnico de Peñarol en 1996, Jorge Fossati, con el que ganaron el cuarto año del segundo quinquenio

Claudio Flores y el técnico de Peñarol en 1996, Jorge Fossati, con el que ganaron el cuarto año del segundo quinquenio

“Fue una prueba muy grande, primero porque yo tenía pocos años de entrenador, dos en juveniles y tres años en River en Primera. Llegar a un plantel tricampeón con Gregorio (Pérez) y hacerlo con mi propuesta, plantearla con un plantel de jugadores con seis, siete de mucha experiencia, referentes, y ser firme en mi convicción de lo que quería y quiero de un equipo, y a su vez, de mi forma de conducir el plantel que podía ser igual o diferente a la de Gregorio, en un plantel que no era fácil de gobernar porque tenía tenientes que eran fuertes y que tenían por qué”, comenzó explicando.

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La alegría de Jorge Fossati tras ganar el título del Campeonato Uruguayo con Peñarol en 1996, que ayudaría al segundo quinquenio del club

La alegría de Jorge Fossati tras ganar el título del Campeonato Uruguayo con Peñarol en 1996, que ayudaría al segundo quinquenio del club

Y continuó: “Después se produjo lo de que me iba, que me quedé porque (el presidente José Pedro) Damiani me pidió que me quedara, y jugué las finales y luego terminé con esa enorme satisfacción de haber cumplido y de haber llevado a Peñarol a poder meterse en el quinquenio, pero también con cosas que con los libros de hoy yo no sé si lo haría, pero en aquel momento a mí me pareció que la decisión que yo tenía que tomar, fiel a mis convicciones, era la de irme, más allá de que Peñarol me ofreció dos años más de contrato”.

En su regreso al club como entrenador, ganó el clásico más recordado de los últimos tiempos para los manyas, el 5-0 de 2014, del cual tiene un gran recuerdo.

El "robo” que dejó a Uruguay fuera del Mundial 2006

Jorge Fossati tuvo otro enorme desafío en su carrera como entrenador y fue sustituir a Juan Ramón Carrasco como técnico de la selección uruguaya en las Eliminatorias para el Mundial de Alemania 2006. La remó tanto que llevó a Uruguay al menos, al Repechaje con Australia. Pero, según recuerda de ese “mayor dolor” sufrido en su vida deportiva, hubo cosas exógenas que coadyuvaron a que la celeste se perdiera esa Copa del Mundo.

20250326 Entrevista a Jorge Fossati, tecnico y ex jugador de fútbol. Remera de fútbol.
La camiseta de Uruguay que Paolo Montero le regaló y le dedicó a Adriana, la esposa de Jorge Fossati

La camiseta de Uruguay que Paolo Montero le regaló y le dedicó a Adriana, la esposa de Jorge Fossati

“Aquello fue lo máximo pero al revés. No tengo otro dolor en mi carrera como futbolista, porque se fue la clasificación de un plantel de jugadores que siempre lo dije, no desde la emoción de aquel momento, sino también desde el análisis posterior, es un plantel que siempre voy a tener en mi galería de ganadores. Si yo tuviera que poner allí (y señala una pared) una galería de ganadores, te puedo asegurar que está ese plantel”, comenzó explicando de aquel momento.

Y continuó, con ese dolor que aún se le nota 20 años después: “Contale a los pibes de hoy, la mayoría no te va a creer: cómo era la atmósfera, cómo era el entorno, cómo era el contexto en la Asociación Uruguaya de Fútbol. No te cree nadie. Que había ocho clubes que fueron al Náutico a hacer una Asociación paralela, que los dos grandes decían que se iban a jugar a Argentina. Vos le contás eso a un muchacho que no vivió aquello, y te dice ‘este me quiere contar películas raras’”.

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Jorge Fossati con su esposa Adriana y sus tres hijas

Jorge Fossati con su esposa Adriana y sus tres hijas

El tema le pega tanto, que no pone una coma en su relato: “En ese entorno, sin ningún tipo de apoyo de nadie y acá con el robo del árbitro, ¡robo del árbitro! –retitera– tendríamos que haberle ganado por más a Australia si no hubiera existido ese robo del árbitro. Que lo dijo Fossati, era un loquito, ponía excusas -para algunos-, que después descubrieron qué era esa FIFA, que lo que yo decía no era ninguna locura”.

Recuerda a su vez, lo que fue la escasísima infraestructura y logística con la que contaba entonces la selección nacional.

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jorge Fossati con su esposa Adriana y dos de sus nietos disfrutando sus ratos libres

jorge Fossati con su esposa Adriana y dos de sus nietos disfrutando sus ratos libres

“Y bueno, ir para allá (a Australia), 114 horas en económica, cuando ellos viajaban en un súper jet preparado para ellos y nada más, en todo sentido. Ir allá a jugar los 90, jugar los 120 (minutos). Solo estos cracks de verdad, estos fenómenos de verdad, yo te diría, sin hacer diferencias, como siempre fue el futbolista uruguayo, que más allá de que hubo grandes entrenadores, más allá de que hubo grandes dirigentes, el futbolista siempre, ¡siempre! fue el que dio la cara”.

Jorge hoy disfruta de sus tres hijas, Daniela, Alejandra y Silvana, y de sus siete nietos, todos deportistas, y como todo abuelo presente, se le cae la baba al hablar de ellos.

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Jorge Fossati con su esposa Adriana y sus siete nietos

Jorge Fossati con su esposa Adriana y sus siete nietos

“Gastón juega al tenis, Manuel en la sub 17 de Danubio, Mateo en la sub 19 de Bella Vista, Máximo y lo hace en baby en Lagomar, Santiago en Morón de la Liga Universitaria, Sofía, quien además estudia ciencias de la comunicación, y la más chica, María Eugenia, en Urreta con 12 años”, explica.

Jorge Fossati marcó una era en el arco de Peñarol. Como técnico, es reconocido en el mundo entero. En Goes, es ídolo por todo lo que aportó apoyando en momentos difíciles en forma silenciosa y sin contar nada. Y está intacto y feliz, esperando nuevas oportunidades para demostrar su cátedra.

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