El senador del MPP, Nicolás Viera, ceba mate mientras su correligionaria Bettiana Díaz aguarda su turno en la ronda sentada junto a su banca y Blanca Rodríguez sonríe ante la imagen. La discusión lleva varios días de comentarios de pasillo y este martes, en la sesión ordinaria de la Cámara de Senadores, terminó de romperse el hielo: los legisladores ya no van a contenerse de tomar un mate durante las largas comparecencias.
"Si en el Senado se permite tomar infusión de té, si se permite tomar café, se permite tomar cortado, se permite tomar agua, ¿por qué no se va a poder tomar mate, que es la bebida más característica del pueblo uruguayo?", afirmó el senador Viera a El Observador. También su par del Partido Colorado, Andrés Ojeda, se ha mostrado afín a hacerlo.
El tema se ha instalado desde que comenzó la nueva legislatura y el Senado tiene nuevos integrantes que comenzaron a debatir respecto a si el reglamento de la cámara los inhibe o no de tomar un mate en sala. Cosse lo preguntó informalmente en la primera reunión interpartidaria y los coordinadores comentaron su parecer, aunque hubo quienes expresaron sus reparos a que cambiara la costumbre de prohibirlo por un tema de decoro, entre ellos la senadora nacionalista Graciela Bianchi.
Sin embargo, luego de revisar el texto y no encontrar menciones explícitas a una prohibición de ese tipo, Viera consultó a la vicepresidenta Carolina Cosse, quien no opuso resistencia.
Y así, bromearon los legisladores, ocurrió "un hecho histórico" desde el retorno a la democracia.
De todos modos, la discusión no es nueva sino que ha estado sobre la mesa en anteriores legislaturas. En 2003, por ejemplo, La República consignaba el debate que se había suscitado por el mate que compartían en sala el senador socialista Manuel Núñez y la comunista Marina Arismendi.
Al llegar el Frente Amplio al gobierno en 2005, la bancada de Diputados se enfrentó al dilema de tener el mate sobre la banca en las sesiones y se optó por tomar mate pero mantenrlo en el piso, informaba entonces El País.
La República describía meses después un cruce del herrerista Jaime Trobo con el colorado Washington Abdala y el emepepista Carlos Gamou. El primero había manifestado durante una coordinación que le parecía "mal" que un ujier entrara a la sala con un termo y un mate, "para servirle la infusión a alguno de los legisladores". Gamou, entonces, ironizó con que más le preocupaba que un uijer "entrara con un espejito con alguna línea arriba".
Desde entonces, diputados de todos los partidos transcurren las sesiones con el amargo sobre el escritorio, ya sin disimulo. En el Senado, sin embargo, los legisladores todavía mantienen la cautela. En el Frente Amplio, por ejemplo, recuerdan que cuando era vicepresidente, Danilo Astori era tajante respecto a que no correspondía tomar mate en sala.